El cannabis (hachís y marihuana) es la droga ilegal más consumida en el mundo.

La adicción al cannabis es una de las más difíciles de tratar por el grado de negación que presenta quien la padece. La experiencia clínica indica que, de todas las drogas que se consumen, el cannabis es la droga que genera mayor resistencia a recibir ayuda. Normalmente, el adicto al cannabis defenderá siempre que la droga no ha tenido efectos adversos en él. No obstante, será fácil encontrar ejemplos de consumidores que, a pesar de no tener trabajo, haber perdido su matrimonio, no haber terminado estudios, seguir viviendo en casa de los padres aun teniendo edad para vivir independizado y haber desaprovechado todas las oportunidades posibles de triunfar, seguirán asegurando que el consumo de cannabis no afecta su vida en nada.

La concepción general del cannabis como “una droga blanda” provoca que su uso se asocie a consecuencias menores, distando esta percepción de la dramática realidad. La mayoría de los ingresos psiquiátricos producidos por abusos de drogas tiene como común denominador el cannabis. El uso del cannabis puede facilitar la aparición de fenómenos psicóticos en quienes son vulnerables, facilitar la aparición de crisis psicóticas en pacientes con diagnóstico de trastorno psicótico y exacerbar la sintomatología psicótica.

Especial atención requiere el denominado síndrome de falta de motivación del fumador de cannabis. Se caracteriza por que el sujeto llega a presentar un estado depresivo, con poca energía, motivación, concentración, memoria pobre, apatía y bajo rendimiento, entre otros.

Además de los ya sabidos daños a la personalidad, al cerebro, al sistema reproductivo y al sistema respiratorio, sabemos que el consumo de cannabis dificulta la formación de hormonas en el organismo, como el caso de la hormona del crecimiento y la testosterona, alterando el desarrollo de las características sexuales de los jóvenes.

El adolescente varón que consume marihuana, corre el riesgo de que sus características masculinas no alcancen su nivel ideal. Hombros estrechos, poco desarrollo muscular, escasa vellosidad, pecho cóncavo, palidez y baja estatura son sólo algunos de los ejemplos de lo descrito.

Proporciona una falsa sensación de bienestar y placer, desgano, lentitud en los reflejos y disminución de la visión periférica. Altera la percepción de profundidad y distancia lo cual incrementa el riesgo de accidentes (en especial al conducir vehículos o manejo de maquinaria especial). Afecta la percepción de los sonidos, produce un aumento de la sed y el hambre (especialmente cosas dulces) y olvido de sucesos recientes. Si es consumida en grandes cantidades o de manera habitual puede provocar ataques de ansiedad, de pánico, paranoia y alucinaciones. A largo plazo produce efectos tales como náuseas, insomnio, irritabilidad, ansiedad y acelera el proceso de envejecimiento del cerebro.

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